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Bueno, en cualquiera de nosotros, que al ejercer un rol de poder, o simplemente por estar enojados o tener un mal día, mal-tratamos a quien tenemos cerca. Nuestros propios miedos, intolerancia, desconfianza nos llevan muchas veces a ser injustos con otros. Por supuesto, hay otros, como derecho a tener nuestras propias opiniones de las cosas, a tomar nuestras propias decisiones, el derecho a la intimidad y a decidir qué revelar y qué no, el derecho a decidir qué es importante para nosotros, el derecho a llorar un derecho que generalmente los hombres nos negamos a nosotros mismos , el derecho a reclamar ante una promesa incumplida La cuestión fundamental es que, por cada derecho que declaramos, generamos una respons-abilidad: Responder una agresión con otra agresión no nos lleva a un trato respetuoso o amable.

Podemos aprender a generar y restaurar una relación con respeto y amabilidad. De eso se trata, de aprender a generar y restaurar esos derechos que con fundamentales para nosotros, como personas. Si que es posible. El derecho de decir lo que uno siente y piensa, en vez de lo que uno debería decir. El derecho de sentir lo que uno siente, en vez de lo que debería sentir. El derecho de pedir lo que se desea, en vez de aguardar a que le den permiso.

El derecho de correr riesgos por propia cuenta, en vez de querer sólo lo seguro. Piense en alguien con quien vive o con quien trabaja y que no le parece agradable, que le causa sentimientos negativos. Veamos lo que sucede. Usted es el responsable del sentimiento negativo, no la otra persona.

Ballade Pour Adeline - Richard Clayderman

Otra persona en su lugar estaría completamente calmada y a sus anchas en presencia de esa persona; no se afectaría. Ahora comprenda otra cosa: Entonces dígale a esa persona. Claro que me protegeré de las consecuencias de sus acciones o de su mal humor o de lo que sea, pero puede seguir adelante y ser lo que quiera ser. No tengo derecho a hacerle ninguna exigencia".

Hay que dar alternativas, no decisiones. Dar ideas, no soluciones. Marcar el camino, sin atrapar la voluntad. Hay que "mostrar", pero sin quitarle al otro su derecho de escoger. Pues a cada uno le gusta realizarse por su propia voluntad y enmendar los errores por su propia experiencia. Zenaida Bacardí de Argamasilla. Esta historia es sobre un hombre que reflejaba en su forma de vestir la derrota, y en su forma de actuar la mediocridad total.

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Ocurrió en París, en una calle céntrica aunque secundaria. Este hombre, sucio, maloliente, tocaba un viejo violín. El pobre hombre trataba de sacar una melodía, pero era del todo imposible identificarla debido a lo desafinado del instrumento, y a la forma displicente y aburrida con que tocaba ese violín. Un famoso concertista, que junto con su esposa y unos amigos salía de un teatro cercano, pasó frente al mendigo musical. Todos arrugaron la cara al oír aquellos sonidos tan discordantes.

Un hombre solo tiene derecho de mirar a otro hacia abajo, he aprendido...

La esposa le pidió, al concertista, que tocara algo. El hombre echó una mirada a las pocas monedas en el interior de la boina del mendigo, y decidió hacer algo. Le solicitó el violín. Y el mendigo musical se lo prestó con cierto resquemor. Lo primero que hizo el concertista fue afinar sus cuerdas.

Y entonces, vigorosamente y con gran maestría, arrancó una melodía fascinante del viejo instrumento. La boina se llenó no solamente de monedas, sino de muchos billetes de todas las denominaciones, mientras el maestro sacaba una melodía tras otra, con tanta alegría. Lo cual, por supuesto, era rigurosamente cierto.

La vida nos da a todos "un violín". Son nuestros conocimientos, nuestras habilidades y nuestras actitudes. Y tenemos libertad absoluta de tocar "ese violín" como nos plazca. Algunos, por pereza, ni siquiera afinan ese violín. No perciben que en el mundo actual hay que prepararse, aprender, desarrollar habilidades y mejorar constantemente actitudes si hemos de ejecutar un buen concierto. Pretenden una boina llena de dinero, y lo que entregan es una discordante melodía que no gusta a nadie.

Un hombre solo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo

Esa es la gente que hace su trabajo de mala forma y que cree que la humanidad tiene la obligación de retribuirle su pésima ejecución, cubriendo sus necesidades, son los que no se hacen cargo de sí mismos y le echan la culpa a lo externo, sin darse cuenta que se recibe lo que se siembra. La verdad, por dura que pueda parecernos, es otra. Por eso debemos de estar dispuestos a hacer bien nuestro trabajo diario, sea cual sea. Yo hombre sólo tiene derecho a mirar a. Desde arriba, como hacen muchos medios, fotos y citas. Frases y vídeos en la igualdad un hombre solo tiene derecho a otro hacia abajo correr hacia abajo cuando ha de ayudarle a levantarse.

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